06 mayo, 2013

John


Vivir es fácil con los ojos cerrados; me dijo en una de mis canciones favoritas.
Y no hay nada por lo que preocuparse.

La mayoría de sus canciones hablaban de amor, pero cuando John escribió campo de fresas por siempre ya había venido a Andalucía. Su pelo estaba recortado y sus canciones... bueno, en realidad no tengo muy claro de qué hablaban. Pero su psicodelia siguió enamorándome. 

Recuerdo la última vez que el lloriqueo me arropó. Porque John no estuvo aquí,  en la calidez de mi jadeo. La lluvia temía salir y se obstruía al borde de la electricidad. Quedándose a medias, en un quizás. Sin un rayo, sin un sol, sin emoción. 

El invierno asolaba su fuerza y me dejaba ensimismada en la desidia,
en la inercia  de los segundos.

06 abril, 2013

Jason

¿Por qué lo llamarán 'impuro'?; ¿Qué hay más puro que el amor, después de hecho? Una de las cuestiones tontas que paseaban por mi cabeza cuando noté el pulgar de Jason, que parecía estar bailando un vals sobre mi cuello. Cuando escuchaba mi nombre naciendo en su boca me sentía como si estuviera andando encima de un alambre que cuelga en el espacio. Me entraba mareo y me excitaba al mismo tiempo. Es el efecto Jason. Su sonrisa, su gesto, su forma de mirarte y de atraparte en el mismo intento. Su encanto me da vértigo. Y de repente estaba sentado sobre las sábanas frías de mi cama. Podía sentir su corazón en mi espalda. Podía sentir su piel morena, su cuerpo desnudo. Un susurro tembloroso que viajaba de su boca a mi oído... 
Eso: eso lo era todo; era la vida atrapada en sus pupilas de alto voltaje. Eso es un hecho convertido en un frágil recuerdo,
guardado dentro de mi estación. 

Jason ha vuelto, y hoy está el mar tan sereno que incluso puedo sentir el oleaje jugueteando con la novena sinfonía. Hoy la temperatura del mar es perfecta y también la de la arena, el sol acariciando mi piel, el viento trenzando mi pelo y el sonido del gentío fusionándose con el del mar. El día en sí es perfecto.
Todo lo es a su lado. 

Jake

Buenas noches Jake:
hoy te echo de menos
y ayer, y todos estos días.
Sé que estás viajando,
pero no sé dónde estás

ni a dónde vas,
—y ya que me estás escuchando

aprovecho para decirte que...

No sales de mi pensamiento.

Yo que sólo estaba observando y tú...
tú estabas radiando,
en tus zapatos nuevos,
tú,
Jake...
lucías el pelo
en tu habitual desarreglo.

No sales de mi pensamiento y,
todo ha terminado mucho antes de empezar,

la función terminó antes
de que el telón finalmente descendiera
y,
en ese momento,
en ese hueco vacío en el tiempo,
en mitad de la noche y del silencio,
todo
había
acabado
aunque
parecía
no
querer
terminar.

...


en el tiempo y la distancia
entendí que no aparecerías
y
de todos modos

hubiese sido tarde.

29 marzo, 2013

Maddy

El teléfono era rojo y estaba húmedo. Todo en la habitación lo estaba. Una humedad caliente y cargada de quién sabe qué. Era pequeña pero muy acogedora; quizás demasiado oscura. La cama estaba deshecha y entre las sábanas blancas descansaba un rayo de luz que entraba sin permiso por la persiana de cáñamo. Cargada de aire caliente que salía de entre las paredes, escapaba el humo del tabaco por  una ventana mediana que quedaba casi oculta por la persiana. Madera estropeada y cristales sucios. Me senté en la cama y pegué mis mejillas al cristal. Vi caer los primeros rayos de sol, estrenando una primavera que ya me estaba atosigando; pero era bonito ver cómo vestía la ciudad. Noté las manos frías de Maddy caminando con un roce que no estaba del todo convencido de posarse en mi espalda, pero navegaban ligeramente descubriendo mis lunares. Sé que le encantaba contármelos, aunque eran aún más infinitos que el choque de nuestros corazones. Me quitaba el vestido con los labios, con los dientes. A bocados. Tan dulce y tan sensual. Muy suave y muy lento... porque ella sabía bien lo que me excita. Todo el aire ardiente se fundía con mi frenesí envolviendo una habitación que nos espiaba sigilosa. Bailábamos entre las sábanas surcando todos los cielos. Días y horas. Su movimiento de vaivén llevó mis mejillas al color más cálido y las gotas de sudor eran víctimas de esos bruscos y excitantes movimientos. Maddy buceando a sus anchas por mi piel, y yo quería más. Sus pechos se erizaban y su cabello oscuro y largo se movía suave en cada suspiro y en cada orgasmo. Pero no era suficiente. Nada era suficiente. Cogió un cigarrillo y se lo fumaba acelerado mientras miraba con ojos achinados la ciudad al otro lado de la ventana.
No puedo quitarme esa imagen de la cabeza. La luz ardiente iluminando sus labios entreabiertos de seda; dejando escapar de su boca un humo que bailaba con ella y aún no: no era suficiente un cigarrillo para apagar la llama, el éxtasis, el deseo de volver a comerme y beberme de nuevo. Maddy era una droga y me tenía agarrada de la manera más suave y excitante posible.
Pero rompió la línea que nos unía y que nos separaba, la delgada línea entre nuestra habitación y la realidad. Rompió las normas. Nuestras normas jamás pactadas. Se quemó con el fuego de nuestro juego. Maddy sabía que yo no quería una copa fuera de la habitación, ni una llamada con amor. Yo sólo quería tenerla en mi cama y hacerle el amor las veinticinco horas del día. Mirarla desde un plano tan cerca y tan lejos mientras me subía el alcohol a la cabeza. Pero Maddy ya no estaba: La dejé ir. Con una lágrima desbordada, las cejas fruncidas y el orgullo en el puño; la dejé ir.

Aunque sé que en el firmamento me esperará.