por favor, no digas nada, pero cada vez que me miras...
me mareo.
y si me hablas de ansias, créeme, recaigo.
el frío cala hondo y el viento sopla con fuerza, así que,
murmúrame y sobresáltame, porque yo ya no estoy segura de nada.
cuando vienes me haces sentir como una drogadicta, esperando mi inyección,
convenciéndome a mí misma
de que no me convienes.
pero tú apareces y desapareces y hablas de ganas y de alcohol.
y sonríes suave,
y vuelves a desaparecer
en una ciudad
inconsciente.
(como descargas eléctricas en el alma)
10 septiembre, 2018
24 marzo, 2017
Sentirse cerca no tiene nada que ver con los centímetros ni con la distancia, y mucho menos con la latitud;
más bien tiene que ver con las estrellas y con los anhelos. Esa sensación se manifiesta, por ejemplo, cuando el deseo es sinónimo de correspondencia y de afecto.
Concluía febrero, decía...
y ahora sin embargo termina marzo
y créeme,
y ahora sin embargo termina marzo
y créeme,
ya noto quemar la primavera en los ojos.
[Que a mi juicio lo que yo quisiera sería derribar protocolos.]
05 marzo, 2017
25 febrero, 2017
Querido diario:
Ya sabes qué tipo de persona soy. Cuando bebo, me gusta cerrar los ojos y tragar lentamente. Imaginar que la bebida no se va a acabar. Que no tiene fin. Me gusta porque así me tomo los segundos uno a uno y los observo, los acaricio; disfrutándolos.
Hoy le imagino en el sofá, sentado a mi lado. Le imagino cantándome y contándome mil historias. Paseando por la calle Nueva o riendo de quién sabe qué tonterías. Porque tú, como yo, lo sabes: él es así. Pero sus ojos, su sonrisa, en mi imaginación se rompe en pedazos y cae. Cae y yo lo noto caer como mármol frío en mis pies.
Hoy, tres meses después, he vuelto a mi balcón. Vuelvo a cerrar los ojos para viajar en el tiempo, porque quién pudiera surcar hacia la primavera. Hoy me pongo el jersey roto y me recojo el pelo, que termina febrero y en mi balcón aún suenan Simon & Garfunkel y también Cat Stevens; pero las golondrinas huyeron buscando otra ventana cálida que visitar; ¡y me cabrea! Me cabrea porque cuánto hubiera deseado huir con ellas... que sentir el viento y la música en la cara ya no es algo que entiendan los demás.
Querido diario: ¿Qué está pasando? ¿Qué proceso mental me ha llevado a no controlar las ganas de dar, dar... ¡solo dar!?
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