04 agosto, 2016

Estoy aquí de casualidad; y aún no consigo entender cómo he podido llegar a volar tan alto, a este cielo nocturno de tus ojos; y no consigo entender cómo soy capaz de mantenerme aquí... aunque me haga una idea y sepa que tu respiración tiene algo que ver; y aunque tenga que hacerte creer que no caeremos de aquí. Ya sé que tienes miedo a las alturas, pero sabes que cuidarte está en la cúspide en mi lista de juramentos. Me has hecho llegar al Universo y aquí hay gravedad; pero en el amor también hay gravedad, por eso en inglés el verbo enamorarse consta del verbo caer. Y por eso nosotros resistimos dejándonos llevar por la inercia y por los latidos desenfrenados de las razones. Sin miedo, porque en realidad nosotros no volamos, sino caemos, nos enamoramos.

01 mayo, 2016

desde el día 21 de abril del 2011 han pasado por nuestras almas una infinidad de noches: cortas, largas, azules, oscuras, vacías y llenas de amor. Algunas olvidadas y otras inolvidables; pero todas imprescindibles. 


felicidad:

Del lat. felicĭtas, -ātis.
f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz.

06 abril, 2016

tres letras en su nombre, dos lunares en su cuello, una fatal atracción.

20 marzo, 2016

Maggie

Sus ojos brillaban casi abiertos, lloriqueando a la vez que su flor se abría con saltos de fotogramas forzosos. Ladeaba la cabeza y dejaba escapar un suspiro,
me estrujaba la espalda con sus manos; finas y delicadas.
Sus pies bailaban entorpecidos un jazz que no conseguía encajar con su contoneo; pero aún así me encantaba la forma en la que Maggie me hacía notar que estaba llegando a la cúspide de su arrebato, de su locura, de su agitación. A r d i e n t e m e n t e. 
Luego toda ella estaba en calma y su cuerpo pálido y paralizado me pedía más. 
Con toda su entraña diluída en un mar color cielo, testarudo, derramándose en mí.

Me gustaba Maggie porque su nombre me recordaba a la historia de la prostituta que robó al marinero, y a los 39 segundos de canción en el álbum Let it Be. Ahora sólo me recuerda a Ella; que sonreía con los ojos y me seducía con el corazón.

A Maggie, como a todas mis mujeres de 24 horas, la vi marchar.

Aunque yo pensaba que desde el banco de ese parque el dolor no era opcional y no llegaría nadie,  supe que el sol nacería de nuevo y que tiznaría el cielo de rojo pasión; y que su amarillo atravesaría los árboles.